Casi dos décadas después de fundar Monsieur Periné, el dúo colombiano sigue encontrando nuevas formas de reinventarse. La versión acústica de “Grande”, su colaboración con Piso 21, llega como un nuevo capítulo de esa búsqueda: un cierre de año íntimo y emocional que los encuentra despojados de artificios. “Es una entrega que pone en primer plano lo que más importa: el mensaje y la emoción”, aseguró Santiago Prieto, sobre “Grande (5020 RCRDS Sessions)”.
Esta reinterpretación llega después de un año cargado de hitos: la banda llenó el Carnegie Hall de Nueva York, hizo una gira por Europa, fue nominada al Latin GRAMMY® por “Jardín del Paraíso” junto a Bejuco, y grabó una histórica sesión en vivo en el Museo de Historia Natural de Londres, convirtiéndose en la primera agrupación latinoamericana en hacerlo. Pero si algo quedó claro en durante la entrevista con ‘Us’, es que la verdadera transformación de Monsieur Periné ha sido interna.
“Yo venía sintiéndome rígida en lo creativo, como acartonada”, confesó Catalina García, a sus 39 años. “En terapia descubrí que necesitaba permitirme jugar. Explorar lo que se considera ‘ridículo’. Porque incluso el ridículo puede ser una forma de sanación”, dijo.
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‘Aguaráchate’ sacude lo solemne
Esa revelación fue el punto de partida de ‘Aguaráchate’, el sencillo que abrió esta nueva etapa sonora. Lejos de buscar un hit, Catalina quiso recuperar algo esencial: el derecho a disfrutar de su oficio sin juicio. “Quería volver a esa sensación de cuando uno tenía ocho años y se reía sin razón, sin ser profundo ni perfecto. Solo jugar”, explicó.
Santiago complementó esa idea con una reflexión igual de liberadora: “Esta canción nace de esa necesidad de sacudirnos lo solemne. A veces, lo lúdico es lo más honesto que puedes hacer. ‘Aguaráchate’ trae esa inocencia, ese goce, ese absurdo… y también tiene profundidad, porque resignifica un ritmo como la guaracha, tan colombiano como subestimado”.
La conversación gira entonces hacia las raíces. Cuando se les pregunta cuánto influye Colombia en su música, la respuesta es inmediata. “Todo lo que hacemos tiene acento colombiano, incluso cuando nos metemos en la electrónica”, aseguró Santiago. Catalina va más allá: “Colombia me define como ser humano. Yo crecí entre cafetales, con una conexión muy profunda con la tierra. Nuestra diversidad cultural es inmensa y está viva en las calles, en el lenguaje, en la música. Eso no se puede separar de lo que soy ni de lo que hacemos”.
Ese arraigo también se refleja en “Jardín del Paraíso”, cuya versión en vivo grabaron bajo la icónica ballena azul del Museo de Historia Natural de Londres. “Fue un momento muy especial”, dijo Catalina. “Ese reconocimiento reafirma que la música también puede ser un puente hacia la memoria, la identidad y el cuidado de la vida”.

Improvisar para enfrentar el caos
Pero no todo ha sido épico. En la misma charla, revelaron que la noche del Carnegie Hall, pese al sold out, estuvo llena de tensiones e imprevistos técnicos. ¿Cómo enfrentaron ese caos? “Improvisando con lo que hay”, respondió Santiago, con una sonrisa. “Como en el jazz. Cocinamos con lo que hay en la cocina”. Catalina, por su parte, fue más vulnerable: “A veces no se puede todo. Y está bien. No somos superhéroes. Si hay que pararse con una guitarra acústica y contarle al público lo que pasa, se hace. En los errores también hay magia y conexión”.
Hablar de ese tipo de entrega los lleva a uno de los temas centrales de esta etapa: cómo sostener un vínculo artístico por tantos años. “La terapia fue clave”, aseguró Santiago. “Nos ayudó a entender que el problema casi nunca es el otro. Cada uno tiene que hacerse cargo de su mundo interno. La paciencia, la admiración y el cuidado mutuo son esenciales”.
Catalina sumó una idea que revela la madurez del vínculo: “No siempre se puede hablar sin herir. Pero uno aprende a ver la humanidad del otro, sus miedos, sus necesidades. Y también a preguntarse: ¿Qué puedo hacer yo para ayudar a que el otro crezca?”.
¿Nuevo material?
Con el próximo nuevo álbum, pensado para 2026, era inevitable preguntarles qué han aprendido ellos sobre la felicidad. Santiago lo resumió en dos conceptos: aceptación y presencia. “La mayoría de los problemas vienen de vivir en el pasado o en el futuro. El milagro está en el ahora”.
Catalina, por su parte, habló de la gratitud. “Agradecerlo todo: desde un pajarito en la ventana hasta un mensaje de alguien cuya vida cambió con una canción nuestra. También agradecer los fracasos. Porque estar de este lado de la historia, del lado del amor, de la esperanza, de la creatividad… es un privilegio”.
La entrevista concluye con una declaración que parece encapsular todo este momento para Monsieur Periné. “Este álbum quiere ser una oportunidad para cambiar de perspectiva”, explicó Catalina. “La música te permite transitar de un estado a otro. Y cuando eso pasa, cuando logras mirar el dolor desde otro lugar, la música se vuelve magia. Se vuelve milagro”.
Y ese, quizás, sea el verdadero núcleo de esta etapa: no buscar la perfección, sino palpar el milagro de lo humano.
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