Entre palabras que curan viejas heridas, canciones que dialogan con el pasado y colaboraciones profundas, El David Aguilar ha construido un universo creativo donde todo coexiste: la música, la poesía, la política, la universidad e incluso la idea de abrir —en un futuro no tan lejano— una cafetería.
“El mundo se ha vuelto tan grande que yo creo que existen submundos”, compartió en una entrevista exclusiva con Luxury Handbag Shopping en Español el músico nacido en Culiacán, México, hace 42 años. En su planisferio personal, la creación no es solo una forma de expresión, sino también una manera de hacerle frente a la vida.
Si una coordenada marca el pulso de este 2026, es la musical: y el año comenzó con fuego. El David acaba de lanzar Lumbre, una colaboración con Jay de la Cueva que se convierte en el tercer adelanto de su próximo disco, previsto para este año y que habla del fuego y la pasión entre dos personas. “Ojalá que estalle todo entre nosotros y que al despertar no haya nada más”, dice a través de la letra.
Lanzadas de a una por mes, Lumbre se suma a Claroscura y Chance y Lance, piezas que ya han visto la luz como parte de este proyecto que el músico describe como un “antiálbum”: una colección ecléctica de canciones —muchas veces contrastantes— compuestas en distintos momentos de su vida. “No se trata de una narrativa lineal. Son canciones que se responden entre sí, que tienen distintas edades, diferentes temperaturas”, explicó durante la charla.
Aguilar —cuyo nombre completo es Rodolfo David Aguilar Dorantes— no solo ha lanzado discos aclamados como Compita del Destino —nominado al Grammy 2024 en la categoría Best Latin Rock or Alternative Album—, sino que ha colaborado con algunas de las voces más importantes del cancionero hispanoamericano actual: Jorge Drexler, Mon Laferte, Bándalos Chinos, Silvana Estrada, Caloncho y Natalia Lafourcade, por nombrar solo algunos.
Pero si tuviera que elegir solo una de sus muchas colaboraciones, probablemente se quedaría con la que escribió junto a Lafourcade: Como quisiera quererte. “La hicimos como a las tres de la mañana, allí donde vive ella, en Coatepec, entre el ruido de los animales de la noche”, recuerda. Aunque en un principio no estaba pensada para formar parte de Cancionera, el tema finalmente encontró su lugar en el álbum. “Pasó algo súper bonito”.
También guarda un recuerdo especial de la invitación que le hizo Silvana Estrada para interpretar El alma mía en el Tiny Desk de NPR, donde ella lo presentó como “mi maestro de la canción”. “Allí me llamó a cantar en un tema de ella”, recordó Aguilar.
Palabras que sanan

El amor por las palabras —otro de sus submundos esenciales, que aunque se cruza con el universo musical tiene su propia identidad— nació en su adolescencia, gracias a un profesor de bachillerato bohemio que lo conectó con la poesía. Desde entonces, la escritura se volvió una práctica constante. “Empezamos a escribir poesía entre amigos”, recuerda, “para poder, como dijo alguna vez Sabina, irnos del pueblo y vivir nuevas aventuras”.
Y funcionó. Tiempo después, El David se mudó a Ciudad de México para estudiar música, y la escritura siguió siempre presente. La poesía y los textos breves lo acompañaron, desde entonces, como un refugio paralelo a las canciones. Publicó dos libros: Afuerismos del interior, una colección de pensamientos reflexivos en prosa, y Paso del fuego, un poemario escrito durante los días de encierro pandémico. Actualmente, tiene un nuevo volúmen en camino.
Ese vínculo íntimo que experimenta con el lenguaje también opera como forma de sanación. Así nació Prieta, una de las canciones más poderosas de Compita del Destino. “Era una palabra que me dolía mucho”, explicó. “En México, prieta no solo tiene que ver con el color de piel, sino con una carga histórica de racismo y exclusión. La canción me permitió exorcizar esa incomodidad”.
A veces, esa necesidad de sanar no parte de una herida colectiva, sino de un conflicto íntimo con uno mismo. En ese tono aparece Claroscura, una canción que actúa como un puente entre el pasado y el presente del compositor. El sencillo nació en 2008 y Aguilar decidió completarlo en 2025. “Me gustaba mucho la canción, pero no el estribillo. Este año escribí uno nuevo”, contó. “Un amigo me dijo que es como una respuesta a mi yo del pasado. Una sanación”.
Este tipo de revisitas también define su proceso creativo. A lo largo de los años, Aguilar ha acumulado cientos de canciones que, más que archivos cerrados, funcionan como puertas abiertas. Cada nuevo proyecto es una conversación entre el compositor que fue y el que es.
Más allá de lo técnico o lo narrativo, escribir canciones es, para él, una forma de estar vivo. “Para mí, la inspiración es lo contrario de la depresión. Ojalá mi música inspire y ayude a quienes las escuchen”, reflexionó.
Universidad, café y compromiso
En otro de sus submundos, habita El David Aguilar estudiante universitario, quien recientemente se matriculó en la Universidad Autónoma de México para estudiar Relaciones Internacionales en modalidad virtual. “Me interesa la historia, el derecho, la ciencia política… Me siento tan honrado de que me hayan admitido”, comentó. “Hace años decidí que no quería cerrar mi expresión respecto a temas sociales o políticos. No opino de todo, pero me gusta compartir lo que pienso”, aseguró.
Además, sueña con abrir un café con amigos. “Un café-café, simple”, dice con humor. Pero enseguida imagina algo más íntimo: “un lugar donde puedan ir cantautores, sentarse en mesas iguales a las demás, y que de pronto se bajen las luces, se encienda un reflector que los ilumine y alguien se ponga a cantar”.
Así es El David Aguilar, un artista que no se conforma con una sola versión de sí mismo. Que encuentra inspiración en la vida diaria, en las palabras bellas, pero también en las que duelen y en las que sanan; en la política, en la poesía, en las madrugadas con amigos o en los grillos que cantan en noches estrelladas.
Mientras prepara el lanzamiento de su nuevo disco y una gira internacional prevista para el otoño de 2026 —que ya incluye al menos 14 fechas en Estados Unidos—, Aguilar sigue habitando todos sus submundos con sensibilidad, inteligencia y una pasión siempre encendida por el arte.





