Juan Wauters atiende el teléfono mientras camina por las calles de Jackson Heights, el barrio neoyorquino en Queens donde vive desde que llegó de Montevideo a los 17 años. “¿Me puedo pedir un café?”, pregunta antes de arrancar la charla. La escena no podría ser más fiel a su estilo: relajado, honesto, cotidiano.
Desde Nueva York —donde construyó su carrera como cantautor indie— hasta Uruguay —donde redescubrió sus raíces y encontró una nueva forma de habitar la música—, a sus 40 años Wauters acaba de lanzar ’MVD LUV’, un álbum profundamente personal que rinde homenaje a Montevideo, su ciudad natal. Grabado íntegramente en el país donde nació, el disco mezcla candombe, folk y pequeñas postales de vida, como una milanesa al pan o una tarde con su hija, con la que protagoniza uno de los videoclips más emotivos del proyecto.
En esta entrevista exclusiva con Luxury Handbag Shopping en Español, el músico habla con libertad sobre identidad, creatividad, paternidad y el deseo de que su nuevo trabajo quede grabado en la historia musical de su país.
Acabas de presenter el nuevo álbum en Nueva York, ¿Cómo fueron esos shows?
Muy bien, muy bien. Hice dos presentaciones, una el viernes y otra ayer. Fueron como un kiss, como un beso. No fueron conciertos tradicionales de una hora, sino algo más simbólico del proyecto. Quería mostrar la naturaleza de lo que hago, no solo del disco nuevo, sino de todo el proyecto artístico. Y usé eso que me gusta de mis presentaciones: esa sensación de estar caminando sobre la cuerda floja, de que todo puede desarmarse. Me gusta improvisar, y la gente lo disfruta. Hasta toqué el acordeón que me compré hace poco. Súper básico, pero algo nuevo para mostrar.
Dices “el proyecto” como algo más grande que un álbum. ¿Qué diferencia hay para vos entre proyecto y disco?
Un álbum es un tipo de proyecto. Pero también un proyecto puede ser una muestra de pinturas, una obra de teatro… Yo estoy abierto a todo lo que tenga que ver con la creatividad y la expresión. Con la gente indicada, me prestaría para muchas cosas.
Cuéntanos, sobre esta carta de amor a Montevideo. ¿Por qué ahora? ¿Por qué así?
Mis primeros contactos con el público fueron acá, en Nueva York. Empecé a tocar en mi barrio, después en otros boros, otros estados, hasta llegar a otros países. Pero Uruguay era algo lejano. Iba una vez cada cinco años, y solo para visitar un ratito. En 2016 empecé a tocar allá, y me vinculé más con mis contemporáneos. Empecé a ir todos los años. Me sentía bien. Siempre tuve la idea de grabar un disco en Montevideo. Para Montevideo. Con gente de ahí. En la pandemia conocí a Lucía [Garibaldi], mi pareja, que es de Montevideo, y ahora compartimos vida entre acá y allá. Todo estaba dado. Compuse allá, lo grabamos allá, con músicos de allá. Es un disco para regalarle a Montevideo. Para que nos quede a nosotros en la cultura.
Viniste a Nueva York a los 17 años, ¿solo o con tu familia?
Con mi familia. Vinimos todos, y todavía están acá, en Jackson Heights. Fue una mudanza de vida. Nunca pensé en volver a vivir en otro país. Ya había vivido la experiencia de mudarme. Pero en Uruguay pasó algo diferente: encajé. Sumé un hogar. Me re adjudiqué mi “uruguayés”, que había sido arrancada de mi ser. Ser uruguayo pasa desapercibido cuando vivís en Nueva York. Sos “latinoamericano”. Pero allá soy uno más.
¿Lucía también participó en los videos del disco?
Sí, fue parte de todo el colectivo creativo. Pensamos las ideas, dirigimos, editamos juntos. Lo hicimos en equipo. Queríamos elevar la producción y contar una historia más completa.
Y la niña que aparece en “Dime Amiga”, ¿es tu hija?
Sí. Pero nunca lo digo directamente. No la muestro en redes. Es algo muy importante en mi vida, y quería compartirlo de forma sutil. No quería que quedara como un secreto, pero tampoco quiero exponerla. Quise involucrarla en un proyecto creativo, como esta trilogía de videos que hicimos.

¿Cómo pensaron esa trilogía?
Queríamos contar un arco narrativo: un muchacho que trabaja en un lugar donde no puede cantar y se va. Después, está con su hija, pero no tiene dinero y se va a tocar al subte. Ahí consigue plata. Y el tercer video muestra qué pasa cuando de repente tiene mucho dinero. Cómo eso desvirtúa la vida. Son videos independientes, pero también cuentan una historia en conjunto.
Siempre tienes algo en la cabeza: un gorro, un sombrero… ¿Eso también es parte del arte?
Sí. Disfruto elegir qué me voy a poner. Para esta campaña diseñé un gorro inspirado en lo que creo que sería un gorro de candombe moderno. Le puse pompones. Es un juego, pero también es parte de cómo me expreso. Creo que cuando yo me divierto con eso, la gente se siente identificada.
¿Te importa la imagen? ¿Te importa lo que piensa el público?
Sí, un poco. Me di cuenta de que es una conversación. Antes hacía arte solo para mí. Pero ahora siento que conversar con el público también es importante. Como cocinar: no podés hacer comida que solo te guste a vos.
¿Qué crees que te define como artista?
Esa energía de explorar mi vivencia en el mundo. Mostrar mis vulnerabilidades. Hacer algo que parece que se va a desarmar. Caminar por fuera de los códigos. Me gusta ocupar espacios que no están del todo definidos. A veces traté de hacer cosas más correctas, más “lavadas”, pero ahí me pierdo. No me gusta.
Tus letras tienen referencias súper cotidianas: una milanesa al pan, un mensaje que llega justo cuando estás en un aeropuerto. ¿Por qué eso?
Porque lo cotidiano nos une. Todos sabemos lo que es comer una milanesa con alguien que queremos. Me gusta observar. Hablo solo mientras camino. Tomo notas mentales. Y escribo desde ahí. También me gusta reciclar letras de otros artistas. Soy fanático de consumir cultura.
¿De quién eres fanático?
De los Beatles, como proyecto completo. De Alfredo Zitarrosa, Jaime Roos, Juan Gabriel, Mateo, Piazzolla. Y del hip hop neoyorquino, de cómo evolucionó todo. Me gustan todos los géneros. No quiero volverme una persona que menosprecie la música nueva. Todavía estoy del lado de la juventud.
¿Compones en inglés y español? ¿Sientes diferencia entre uno y otro idioma?
No. Me salen en el idioma en que llegan. A veces en inglés, a veces en español. Siento que tengo profundidad en los dos. Busco eso: profundidad, que las letras tengan muchas capas, que se entiendan de distintas maneras.
¿A dónde te gustaría que te lleve este disco?
A tener un poco más de plata, siendo sincero. Pero también… que Jaime Roos me dé la mano. Que los grandes de la música uruguaya me digan: “¡Felicitaciones!”. Me encantaría que este disco se haga un clásico de Montevideo. Fue hecho para eso.





