Una de las presentaciones más mediáticas y comentadas en la historia del Super Bowl se vivió este domingo 8 de febrero. “Qué rico es ser latino”, soltó Bad Bunny justo en el inicio del show de medio tiempo, celebrado en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California. Fueron 13 minutos cargados de simbolismo, historia, folclor y sabor; mensajes mojados de política e intención.
En el Super Bowl de 2020 (también con Donald Trump en la Casa Blanca), Shakira y Jennifer López ya habían entregado un espectáculo similar, es decir, realzando las costumbres latinas: banderas de Puerto Rico, champetas, salsa casino y el inolvidable “Hola, Miami”. Sin embargo, Benito Antonio Martínez Ocasio elevó el mensaje. No se conformó con el idioma y las tradiciones musicales, sino que afinó detalles que requerían explicación: como el campo de la industria azucarera o los postes de electricidad que estallaron.
Bad Bunny se vistió de color crema, con su cabello natural, sin joyas ni extravagancias, pero sí con un Grammy recién pulido bajo el brazo, por ‘Mejor Álbum del Año’. Por cierto, no se lo entregó a Liam Ramos, el niño que fue detenido por ICE en Minnesota, como se especuló en redes sociales, sino a Lincoln Fox, un pequeño actor que asumió el papel de Bad Bunny en su infancia. “Recordaré este día eternamente. Fue un verdadero honor”, escribió en Instagram.
Pero claro, cuando llegó el turno de ‘NUEVAYol’, la emoción del público se escuchó de inmediato. Bad Bunny no es un artista de Puerto Rico, sino de todo el continente y allí estaba, representando a todos los latinos y a todas las nacionalidades que forman parte del continente americano, cerrando un show donde sobró ingenio, talento y simbolismo.
Lo que sí se confirmó fue que el número 64 que llevaba en su jersey con el apellido Ocasio en la espalda, fue en honor a un tío de Benito, que jugó fútbol americano.
“Bad Bunny rindió homenaje a su tío que jugaba al fútbol americano al usar su número 64”, escribió el vicepresidente de comunicaciones de la NFL, Brian McCarthy, a través de X.
Sigue leyendo, para entender alguno de los momentos más icónicos del show:

El show inició con una secuencia cinematográfica en los cañaverales, un símbolo profundo de la historia puertorriqueña, en lo que pareció ser una sola toma, sin edición ni cortes,. La industria azucarera marcó durante décadas la economía y la estructura social de la isla, y al entrar en ese paisaje, Bad Bunny rindió homenaje a generaciones de trabajadores cuya labor sostuvo al país.
A medida que avanzaba el espectáculo, el escenario se llenó de escenas cotidianas de las comunidades latinas: un salón de uñas y un grupo de muchachas construyendo en una escena de construcción. También, un puesto de Villa’s tacos, un querida taquería de Los Ángeles fundada por un migrante michoacano, claramente el primer guiño para la comunidad mexicana en Estados Unidos, una compraventa de oro y plata y un carrito de piraguas (bebida tradicional puertorriqueña) que evocaba el Viejo San Juan. En las botellas de sabores del carrito aparecían banderas de Puerto Rico, Colombia, México y España, un guiño a la diversidad latina.

También se vieron a los boxeadores Xander Zayas, boricua, y Emiliano Vargas, mexicoamericano, entrenando, como escenas vivas que reforzaban un mensaje claro: la clase trabajadora latina también ha forjado la historia de Estados Unidos. El toque de nostalgia llegó con los abuelos jugando dominó, una postal profundamente caribeña.
‘La Casita’ entró en el escena, repleta de artistas

Uno de los elementos centrales fue ‘La Casita’, símbolo recurrente en la gira y residencia de Bad Bunny en Puerto Rico. Inspirada en las casas típicas y en las fiestas de marquesina de los años 80 y 90, consideradas la cuna del reguetón, La Casita representó el inicio del perreo y la celebración comunitaria.
Allí aparecieron figuras como Cardi B, Karol G, Pedro Pascal, Jessica Alba, Alix Earle, Ronald Acuña Jr., Young Miko y Dave Grutman, todos bailando como parte de una misma comunidad. En las pantallas se leían palabras como “perreo” y aparecía el sapo concho, otro símbolo inequívoco de Puerto Rico y que Bad Bunny ha adoptado como “mascota” durante su gira mundial por ser una especie endémica y ha comercializado con lo que muchos llaman ya el “Labubu latino”.
Lady Gaga… en versión salsa

Desde ‘La Casita’, Benito se trasladó a un taller mecánico y luego regresó al campo para rendir homenaje a los pioneros del reguetón con clásicos como ‘Pa’ Que Retozen’, ‘Dale Don Dale’ y ‘Gasolina’, con coreografías candentes y la primera aparición de una pareja homosexual, bailando junto a otras parejas.
Justo cuando “El Conejo Malo” saludó a la audiencia con un “Buenas tardes California”, los acordes de violines comenzaron a entonar una melodía que puso un tono romántico. Se trataba del Mariachi Divas de Cindy Shea, un mariachi angelino integrado completamente por mujeres y ahí, una de las mayores manifestaciones del cantante: “Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio y si hoy estoy en el Super Bowl LX es porque nunca, nunca dejé de creer en mí. Tú también deberías de creer en ti. Vales más de lo que piensas, creéme”.

Ese fue el preámbulo para dar paso a una inesperada escena: una boda real celebrada en el espectáculo del medio tiempo del Super Bowl LX.
El escenario principal representaba a Puerto Rico y dio paso a una de las grandes sorpresas de la noche: Lady Gaga interpretando Die With A Smile en versión salsa, junto a Los Sobrinos de Puerto Rico.

La escenografía incluyó una garita y faroles del Viejo San Juan, mientras Gaga vestía de azul celeste, el tono original de la bandera puertorriqueña, históricamente alterado tras su prohibición entre 1898 y 1957. Bad Bunny reforzó el mensaje al mostrar la bandera con ese mismo azul, sin decir una sola palabra.
La cantante también llevaba la flor de maga, flor nacional de Puerto Rico. De ahí Bad Bunny dio paso al ritmo y cadencia del “Baile inolvidable” para la boda en una típica rumba latina donde las parejas bailaban hasta altas horas de la noche. ¿Cómo se sabe eso?, cuando Bad Bunny se acercó a las ya tradicionales “tres sillas” para despertar a un pequeño que dormía con su balón de fútbol americano como almohada y lo invitó a unirse a la fiesta.

Más adelante, como un verdadero salto de fe, Bad Bunny se dejó caer desde lo alto de la primera planta cuando se escuchó ‘NUEVAYoL’, para dar paso a la diáspora bailando en las calles, en el barrio y a las afueras de la típica “bodega” apareció Toñita, figura emblemática de la comunidad boricua en Nueva York y dueña del Caribbean Social Club.
¿Quién era el pequeño de 5 años a quien entrega el Grammy?
Aunque una de las escenas más simbólicas de la noche donde Bad Bunny entrega su premio Grammy a un pequeño que veía su discurso por televisión acompañado por sus padres en la sala de su casa y que muchos interpretaron como una alusión clara a Liam Conejo Ramos, el pequeño que fue detenido por ICE hace unas semanas en Minneapolis, pronto se supo que no se trataba de él, sino del un niño actor Lincoln Fox.
La escena también pudo haberse tratado de una simbología de Bad Bunny, entregando al “Benito niño”, el Grammy y diciéndole con una palmada en la cabeza: “todo va a estar bien, confía en ti”.
Un tributo a Ricky Martin
Otro momento cargado de simbolismo fue la aparición de Ricky Martin, sentado en un espacio que recreaba la portada del álbum ‘DeBÍ TiRAR MáS FOToS’, con las icónicas sillas blancas y los platanales. “Quieren quitarme el río y también la playa, quieren el barrio mío y que abuelita se vaya. No sueltes la bandera ni olvides el ‘Lelolay’, que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái”, cantó el artista de 54 años, en una interpretación del tema ‘Lo que le pasó a Hawái’, de Bad Bunny.
“God Bless America!”

El tono político del show se hizo explícito con “un apagón”, interpretado sobre un set de postes eléctricos, una clara referencia a la crisis energética que vive la isla desde el huracán María en 2017. Sin protección, Bad Bunny se subió a los postes, como queriendo transmitir una crítica directa al abandono y la mala gestión del sistema eléctrico.
Ya en el cierre, Bad Bunny apareció con el grupo Los Pleneros de la Cresta y, mientras sonaba, dijo ‘God Bless America’ y mencionó uno por uno los países del continente americano, de sur a norte, desde Chile y Argentina hasta Canadá, recordando que América es mucho más que Estados Unidos. Cerró luego diciendo: “mi patria, Puerto Rico”. El mensaje final en pantalla decía: “Lo único que es más poderoso que el odio es el amor”, mientras Bad Bunny arrojaba el balón contra el suelo en la típica celebración de un touchdown, con la inscripción: “Juntos, somos América”.
Con reportes de Norma Angélica Gómez y Julia Tortoriello.
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