“Cada vez hablo menos”, dice Pati Jinich casi al pasar, pero es una frase que lo explica todo. Con su nueva serie documental ’Panamericana’, por PBS, la chef y conductora mexicana –conocida por acercar la cocina tradicional mexicana al público estadounidense durante más de una década– da un paso más allá: ahora se corre del centro de la escena para escuchar.
‘Panamericana’ no es solo un recorrido físico por el continente; es también una travesía personal. Desde lo más alto de Alaska hasta el sur de Alberta, Canadá, Jinich, de 53 años, se sumerge en conversaciones que exploran la identidad, la migración, la pertenencia y la memoria colectiva. “Quiero ser un micrófono. Un vehículo para que la gente me cuente sus historias”, dice en una entrevista exclusiva con Luxury Handbag Shopping en Español, con una claridad que se siente también en pantalla.
En esta etapa de su carrera, Pati se aleja del formato que la hizo famosa. Pati’s Mexican Table, su exitoso programa culinario, sigue en marcha –está por filmar una nueva temporada en la Ciudad de México–, pero ahora su brújula apunta hacia otra dirección. “Yo quiero que mi trabajo evolucione, que tenga más sustancia. Si le estamos dedicando tiempo a una producción, que deje algo. Un legado”.

El cambio se nota en todo: en el tono, en el ritmo, en la profundidad de las conversaciones. La comida sigue presente, claro, como puerta de entrada a la cultura. Pero en ’Panamericana’, el plato se queda fuera de foco para darle protagonismo a las historias. “Si vamos a comernos un salmón, vamos a pescarlo. Si hablamos de herencias indígenas, hablemos también de lo que les quitaron y de cómo están retomando lo propio”.
El resultado es una serie profundamente humana, que no teme incomodar ni asombrarse. “¿Qué haces cuando alguien te dice algo que va en contra de lo que piensas?”, reflexiona. “Te haces para atrás, escuchas más. Le preguntas: cuéntame por qué piensas así. Y eso te cambia”.
Para Pati, ‘Panamericana’ también es una exploración personal. Hija y nieta de inmigrantes judíos que llegaron a México escapando del Holocausto y del exterminio de polacos, creció con la historia del desplazamiento en la sangre. “Yo estoy tan agradecida de ser mexicana. Amo a mi país. Pero después de vivir tantos años en Estados Unidos, compartiendo culturas, me di cuenta de que no tenía que elegir. No tengo que ser solo una cosa. Puedo ser caleidoscópica”.

Eso mismo parece buscar en quienes entrevista: no definiciones cerradas, sino capas, matices, contradicciones. La pregunta que repite a todos en la serie –“¿Qué significa ser americano?”– también se la hizo a sí misma. “Es una pregunta difícil. Para mí, ser americana es creer en esa promesa de libertad, de poder ser quien eres. Ojalá. Pero también es una forma de ver cómo las personas buscan pertenecer, ser parte de algo, hacer comunidad”.
Esa sensibilidad se nota incluso en lo que no se dice. En los silencios. En la paciencia para esperar que alguien hable en su idioma, desde su historia. ’Panamericana’ no busca encajar ideas en moldes; busca expandirlos.
Claro que el viaje tuvo sus desafíos: desde lo logístico y económico –“el día que empiezas a filmar es como abrir la canilla del dinero”, dice entre risas– hasta lo emocional. Agendar entrevistas en comunidades remotas, filmar en condiciones extremas, cruzar territorios con historias complejas, y a la vez, mantener la promesa de respeto y representación. “La tensión es alta, pero si el resultado conecta con la gente, todo vale la pena”.
Lo más poderoso, sin embargo, es ese gesto simple y radical: escuchar. En un mundo saturado de opiniones, discursos y urgencias, Pati Jinich decidió hacer silencio para dejar hablar a las Américas.





