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Pablo Cruz sacrificó su rostro para meterse en la piel de Chespirito y cómo una ‘crema mágica’ lo salvó (Exclusiva)

Pablo Cruz protagonista de Chespirito: Sin querer queriendo
Cortesía: HBO Max

Convertirse en Chespirito no fue solo una tarea emocional para Pablo Cruz. El actor se sometió a un proceso físico exhaustivo durante 60 días consecutivos para lograr que su cuerpo y su rostro desaparecieran por completo detrás del ícono de la comedia. Y aunque los resultados fueron impresionantes, el precio fue alto… incluso para su piel.

“Todos los días me raspaban la cara para pegar la prótesis y luego me la quitaban con solventes. Al final del día, sentía la cara dura, acartonada, seca”, relató el actor en entrevista con Luxury Handbag Shopping en Español. El desgaste fue tal que la producción tuvo que buscar soluciones para evitar un daño mayor. La clave: una combinación especial de cremas hidratantes que él mismo bautizó como “su crema mágica”.

“Me la ponían por toda la cara y el cuello, y parecía que me habían barnizado. Así me subía al Uber para que me absorbiera todo camino al hotel. Si no, no hubiera podido dormir con la piel como papel”, confesó entre risas. El ritual se repitió durante dos meses sin excepción.

A sus 36 años, Pablo Cruz no solo enfrentó el reto del parecido físico. La caracterización incluyó pupilentes verdes, una nariz prostética, texturización facial, cejas depiladas, decoloradas y degrafiladas, además de un afeitado constante en rostro y cuerpo. “Hasta el último milímetro de mis cejas fue modificado. Yo parecía más un azotador si me las dejaba”, bromeó.

Pablo Cruz, protagonista de Chespirito: Sin querer queriendo
Cortesía: HBO Max

Con detalle, el actor mexicano especificó que el proceso de transformación comenzó con quitarle, al menos, un centímetro de cejas del centro y un centímetro del grosor, “porque ya más en la etapa en la que interpreto a Roberto, él tenía las cejas más ralitas y me las degrafilaban para que tuvieran menos volumen”. Pablo también señaló que le tuvieron que rasurar las entradas de la frente, pues él tiene una abundante cabellera.

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Y es que su proceso de caracterización comenzaba todos los días, sin excepción, a las 4:30 de la madrugada, al meterse a la ducha y comenzar a rasurarse brazos, piernas, después la barba (porque Pablo tiene la barba cerrada y Chespirito prácticamente era lampiño).

Pese al nivel de transformación, el actor asegura que lo más difícil no fue lo físico, sino encontrar el alma del personaje sin caer en la imitación. “No se trataba de copiar. Se trataba de entender a Roberto Gómez Bolaños. Y para eso, lo más valioso fue acercarme a su familia y leer su autobiografía como si fuera un oráculo”, reveló.

Uno de los momentos más simbólicos ocurrió cuando, ya caracterizado por primera vez, se tomó una foto y se la envió a su familia. “No les había dicho nada del proyecto. Solo les mandé la foto y pregunté: ‘¿A quién me parezco?’. Mi hermano respondió de inmediato: ‘A Chespirito’. Ahí supe que íbamos por buen camino”.

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La dedicación extrema de Cruz no pasó desapercibida. El público, la crítica y los propios hijos de Chespirito han reconocido su entrega total al papel. Y aunque él no se quedó a dormir en un barril, como bromeó en otra entrevista, sí asegura que cada minuto frente al espejo y bajo las luces del set valió la pena.

“Ha sido el trabajo más demandante que he hecho, pero también el más hermoso”, concluyó.

Chespirito: Sin querer queriendo está disponible por Max desde el 5 de junio y cada jueves hay un nuevo episodio.

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