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Fito Páez nos lleva al corazón de ‘Novela’: una odisea de amor, música y resistencia poética (Exclusiva)

Fito Páez
NUEVA YORK – 17 DE ABRIL: “Una noche en Nueva York con Fito Páez” en The Greene Space el 17 de abril de 2025.Rob Kim/Getty Images for The Recording Academy

El proyecto más ambicioso de Fito Páez empezó como una película en 1988. Hoy, 36 años después, Novela es una realidad: un álbum de 25 canciones que mezcla brujería, adolescentes enamorados, circos freaks, pueblos enloquecidos y preguntas existenciales. Pero también es algo más: un manifiesto, una declaración política, una fantasía lisérgica, un juego y una carta de amor a todo lo que sigue importando.

En una conversación íntima y sin atajos en las oficinas de Sony Music de Nueva York, Fito —que acaba de cumplir 62 años— habló con Luxury Handbag Shopping en Español sobre su conexión con esta ciudad, su mirada sobre la música actual, sus hijos, la soledad, la creación como forma de resistencia y el amor como último refugio posible. También compartió detalles del proceso detrás de Novela, su vínculo con el Fito de 25 años que empezó todo esto, y su esperanza de ver esta historia convertida en el cine y el teatro.

Con sensibilidad, lucidez y muchísimo humor, Fito se entrega sin filtro. “La música no existe sin los demás”, dice. Y en esta charla, nos deja entrar con él al corazón de una obra única.

Fito Páez
“Una noche en Nueva York con Fito Páez”, abril de 2025 Photo by Rob Kim/Getty Images for The Recording Academy

Estás presentando Novela en Nueva York, ¿qué representa esta ciudad para vos?

Siempre todo significado tenés que remontarlo a la infancia. Conocí esta ciudad por mi padre, por los discos de Sinatra, por el cine. Tengo un vínculo casi familiar con Nueva York, que va desde la música al cine y la literatura. Fue un escenario imaginario hasta el año ’87, cuando llego por primera vez. Por supuesto te impacta el puente de Brooklyn, ver la city, el tamaño de los edificios, la capital del imperio moderno… pero de alguna forma ya conocía el lugar, ya tenía el mood.

¿Y a qué suena Nueva York hoy?

Uy, ¡qué pregunta! Porque es inevitable pensar en el mundo. Hoy está tan comunicado, que asistimos a la homogeneización del lenguaje musical, de las artes, donde se van perdiendo especificidades. Entonces, hoy Nueva York se parece un poco más a cualquier otra ciudad del mundo. Y es algo bastante triste de decir, teniendo la historia que New York tiene en sus espaldas. Pero eso también lo ves en cualquier capital del mundo. No digo que todo sea así, ni quiero dar una mirada distópica del mundo, ni mucho menos… Estoy haciendo un álbum que es una oda al amor, imaginate. Todavía creo que hay que dar la pelea por ese lado.

Incluso, si bien no ha sido un postulado para hacer la obra, ni mucho menos, sí puedo decir que formo parte de la tribu —o del regimiento— que no va a dejar que copen la Bastilla.

En ese escenario, ¿es Novela un producto divergente?

¡Sí, por naturaleza! No tuve que hacer nada más que intentar contar una idea en un álbum. Entonces, ya eso per se parece una operación shakespeariana hoy. No es mi idea. Yo soy de la cultura rock, tengo gustos muy sencillos también, y también me gustan otras cosas más complejas, por supuesto.

No es que venga acá como un maestro ciruela. Al contrario: es una historia divertidísima, encantadora. Lo que pasa es que hoy eso parece conservador. Están muy conservadores todos. ¿Qué les pasa, muchachos? Están agarrados a sus teléfonos, ¡no cogen más, no tienen polvos, no besan, no leen libros! Cuestiones táctiles. Pareciera que estamos en un mundo más parecido al que soñó Orwell, en un sentido. Y sin que esto suene a un delirio, lo estamos viendo. No vengan a contarme ahora que a los muchachos de Silicon Valley se les escaparon las cosas de las manos. No. ¡Hay un plan! Entonces ahora hay que hacer una resistencia, y nosotros tenemos que hacerla con alegría, como la hicimos siempre. Con alegría y belleza, con rigor y dedicación.

Empezaste este álbum en 1988, pasaron casi 40 años… ¿Qué te llevó a nunca abandonarlo y a seguir teniéndolo ahí, mientras seguías haciendo otras cosas?

Nunca sabés. Una obsesión, una gratificación en volver siempre al proyecto. Era siempre algo divertido, mixturaba los mundos. Yo soy pisciano, conecto la realidad con los disparates. Hay muchas cosas de mi personalidad también —y de mi signo— que tienen que ver con este proyecto: un poco de tozudez, de voluntad y, sobre todo, de alegría.

¡Mirá lo que es la tapa! Es una explosión de color y de aventuras. Es un disco de aventuras. ¿Quién no va a querer hacer un proyecto así, dure lo que dure? Finalmente, es un abrir y cerrar de ojos. No me doy cuenta que hace 40 años que empecé este álbum. No me doy cuenta. Porque así es la vida, así es el tiempo: inasible.

Y te sigue gustando lo que hiciste en aquel entonces…

Me caen muy mal las personas que dicen: “Eso lo hubiera quemado”. Y te hablo de artistas consagrados, mundialmente reconocidos, que hubieran preferido enterrar sus primeras obras para que no se conocieran. A mí me pasa lo contrario. Yo estoy muy orgulloso del chiquito que fui. Ese chiquito me enseñó todo, me permitió jugar, ser valiente, ir para adelante, aprender. Tenía curiosidad, y la sigo manteniendo hasta el día de hoy. Quiero mucho todo lo que hice.

¿Es Novela una declaración de principios disfrazada de cuento fantástico?

Puede que sí, ¿por qué no? Porque es una oda a la aventura y al amor. Es una mirada sobre muchas cuestiones: la academia y lo popular, el pueblo y la burguesía, el circo ligado a la marginalidad. Hay metáforas sobre la cancelación. Rectitud Martirius es un personaje gracioso, pero muy desagradable. Las chicas representan el swing, Maldivina y Turbialuz. Y los chicos representan la inocencia, el pudor, el descubrimiento. El enamoramiento, no el amor. Y eso siempre es hermoso resaltarlo, descubrirlo.

¿Cómo fuiste construyendo cada personaje?

Se fueron tejiendo con el guión de la película. Porque Novela empezó así, como una versión de una historia cinematográfica. Un poco a la manera de Quadrophenia, de The Who: hacía las dos cosas a la vez. Cuando dejaba el guion, dejaba el disco. Y así se fue armando. Poco a poco le fui encontrando picante, cositas, sutilezas: desde las vestimentas hasta cómo hablaban o cómo sonreían o cómo miraban o los pensamientos que tenían, y cómo eran los niños y las historias de esos chicos, Loka y Jimmy, los protagonistas. Cómo era el pueblo… ese pueblo son todos los pueblos. Entonces solo había que hacer foco, un punto de vista.

El mío es Villa Constitución. Mi familia es de allí, cerca de Rosario. La vida provinciana, el circo pobre itinerante… lo conozco muy bien. Conozco la siesta del pueblo, conozco la brujería pagana, las tías que te curan los empachos y hacen las cruces en sal a una hora determinada de la tarde para sacarte las maldiciones. Y bueno, a eso se suma todo el disparate este que sería el poder, de alguna manera, en otra dimensión, y que determina el destino de las personas. ¡Como si eso fuera posible! El amor, definitivamente, sigue siendo un elemento inasible para el poder. Por eso es tan inquietante.

¿En quién está inspirada Loka? ¿Hubo una Loka en la vida real?

Sí, hubo varias. Loka tuvo muchas caras. En un momento fue Fabi [Cantino], en otro, Celeste Cid, tuvo otros rostros, también. Pero viene de mucho más atrás y prefiero guardármelo para mí. Hay cosas muy íntimas y muy profundas en ese personaje. Las fui descubriendo con el tiempo.

¿Por qué decidiste que esta historia iba a ser una ópera rock?

Eso fue una palabra que salió de los medios. Para mí no es una ópera rock. La ópera la cantan muchos cantantes, tiene un argumento que se representa en un escenario. Esto es un álbum. No tiene puesta de ópera. Hay ansiedad por clasificar todo. Pero esto no se llama de ninguna manera. Y eso es lo lindo. La obra está ahí, viviendo y rompiéndolo sola.

¿Cuánto te divertiste inventando esas frases que aparecen a lo largo del disco, esa especie de idioma de las brujas?

Fue divertidísimo. Este fue un álbum absolutamente lúdico. Muy divertido. Las cosas salían de las maneras más insólitas. Inventar los idiomas fue hermoso. Meni tuai fai lai es el mantra original, y ya no puedo imaginar otro. ¿Tiene significado? Puede ser… o puede que no, hay que investigar.

¿Va a surgir finalmente la película?

Sí. La película va a existir. La vamos a dirigir junto a Matías Gueilburt, con quien venimos trabajando el guión desde hace años. La idea es filmarla en el segundo semestre de 2026. Y también estamos diseñando una puesta en escena de una hora diez, como el álbum, donde la gente vaya al teatro y lo vea todo. No existe un formato así en el mundo. Sería una experiencia teatral completamente nueva. Como escuchar el disco… pero viéndolo entero.

¿Para quién hiciste Novela?

La música no existe sin los demás. En pandemia, primer viernes, todos encerrados en Argentina, me senté solo en el piano, como loco malo, y toqué una hora y cuarto. Fue la hora más angustiante de mi vida: tocarle a una pared. Después llegaron los mensajes, y eso fue hermoso: “gracias por esto”, boom de todo el mundo.

Siempre fui consciente de que necesité el oído del otro. Terminaba una canción a las cuatro de la mañana en Caballito, en el año ’85, ’86, ’87, pum, y estaba llamando a alguien: “che, mirá, terminé la canción”. Necesitás la presencia del otro.

Después está la atrofia del ego, las situaciones tóxicas para artistas y oyentes. Esa dictadura del público, donde hay que hacer lo que ellos quieren, cuando quieren. Como dice el gran filósofo italiano Bifo Berardi: vivimos en tiempos de demencia masiva. Se rompieron los pactos morales. Eso genera violencia, locura.

Y también está la prepotencia de las nuevas generaciones, que vienen muy conservadoras, sin curiosidad. Y ojo, las mujeres no: con ellas pasa lo contrario. Es impresionante cómo los hombres se están embruteciendo. Por eso creo que las mujeres, por su instinto de proteger la vida, son hoy una posibilidad revolucionaria.

No todo puede ser acumular riqueza y bienes. ¡Muchachos, qué es eso! Se está deshumanizando la razón humana. Y eso también hay que decirlo. Todo eso está en el contexto de “los nuevos fenómenos musicales”, entre comillas. Y de eso trata el ensayo La música en tiempos de invención masiva. Le afané un poco las palabras a Bifo, pero con alegría. Porque fue muy claro.

¿Tuviste a tus hijos presentes para terminar esta obra?

Cuando eran más chiquitos pensaba: quiero hacer la película para que la vean ellos, quiero hacer el disco para que lo escuchen ellos. Llegué un poco tarde, pero llegué. Ellos son la luz de toda mi vida, son el norte total, es el amor incondicional, quienes están a tu lado, te acompañan. Ahora hasta me aconsejan, incluso. Y yo me dejo.

No soy amigo de mis hijos: soy papá. Pero no me hago el superpapá. Me muestro frágil. Me parece importante ser franco, honesto. Transmitir amor. De eso se trata todo.

¿Hay algún lugar en el mundo donde conectes con tu universo creativo?

Pasa en cualquier lado, eso. Es donde te agarra la noche y tu sensibilidad. Hay días que tu casa es donde dormís esa noche. Y otros días en los que necesitás la habitación de tu casa, y no la tenés. Y después puede haber algún lugar… Pero no tengo ritos. No voy a hacer el rito del fuego para conectarme con la ayahuasca. Es todo más chiquitito. Más chiquito todo. Sin tanta mercadotecnia alrededor. Ahí es donde está lo más importante.

¿Cómo fue reencontrarte con ese Fito de 25 años?

Lo que en realidad empezó a moverse en mi vida fue cuando empecé a escribir la autobiografía, que no quería escribir. No quería hacerlo. Me parecía un plomazo. Me agarró la pandemia, y una noche, borracho, escribí la primera página. Al otro día la leí y dije: “Está bien, no está mal”. Era sobre la visita al cementerio a ver a mi madre, cuando era niño, con mi papá.

Ahí empecé a investigar. Por supuesto a divertirme, también. Ahí se empezó a remover a aquel adolescente, ese que siempre lo tenés en algún lado del corazón y que es el divertido. El que, cuando todos se van a dormir, se queda de largo… ese lo sigo teniendo todavía.

Entonces, durante la pandemia escribo Infancia y Juventud, en paralelo compongo Futurología Arlt, que es el disco instrumental sobre Siete locos, hago Los años salvajes, que es un disco de rock, y The Golden Light. Yo creo que ahí también se activa el motor de Novela.

¿A dónde quisieras que te lleve este álbum?

Me gustaría ver la película. Me gustaría sentarme en el cine con mis hijos y con algunos amigos. Me gustaría hacer la obra en teatro. Porque la gira, conciertos de 2 horas y media, con 4 temas de Novela, la voy a hacer el año que viene: España, Estados Unidos, México, Latinoamérica.

Pero quiero hacer Novela entera, con puesta en escena. Eso sería increíble. Los números son complicados… bueno, a lo mejor aparece algún mecenas por ahí. ¿Quién te dice? Y si no, nosotros que sabemos hacerlo, lo hacemos con tres cositas, maquillaje y escenario. ¡Espectacular!

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