Nueva York se rindió ante Nathy Peluso. La argentina, de 30 años, llevó su Grasa Tour al Brooklyn Paramount, donde ofreció un show arrollador que dejó en claro su poder escénico, su entrega y su capacidad de transformar un escenario desnudo en un universo propio. Con una puesta austera y apenas tres músicos acompañándola, Nathy llenó cada espacio con su presencia imponente, su voz y su cuerpo, que se mueve con precisión quirúrgica, como si dirigiera la música con cada extremidad.
Apenas pasadas las 8:30 p.m., la artista irrumpió en el escenario con Corleone, encendiendo de inmediato un público fiel que, en algunos casos, la esperaba desde antes del mediodía en las puertas de un teatro aún cerrado. Siguieron Aprender a Amar, Business Woman y Legendario, cada una ejecutada con una intensidad que iba en ascenso. Desde el inicio, quedó claro que este no era un simple concierto: era un ritual de fuerza, sensualidad y vulnerabilidad, una declaración de principios con ritmo y sudor.
Poder físico y emocional en el escenario

Vestida de negro, con un short, corpiño corto y botas altas acordonadas, Nathy se apoderó del escenario sin necesidad de artificios. La escenografía era mínima: un fondo azul y unos escalones donde se recostó en más de una ocasión, jugando con la teatralidad y sensualidad de cada canción. Los músicos, ubicados a ambos lados del escenario, parecían casi encapsulados, dándole total protagonismo a su cuerpo, que canalizaba la música como un instrumento más.
El show tuvo momentos de máxima euforia, como cuando bajó del escenario durante Todo Roto, haciendo estallar al público que coreaba cada palabra. Pero también hubo espacio para la emoción más pura. En Vivir Así, su interpretación tocó una fibra especial: la voz desgarrada, el gesto contenido, la sensación de que en ese instante el teatro entero respiraba al compás de su dolor. Unos minutos antes, había confesado que en un momento de su carrera se sintió perdida y que necesitó tomarse un tiempo para volverse a encontrar.
A lo largo de la noche, se dirigió al público con una mezcla de ternura y autoridad. “Ámate más, perra”, dijo con su dicción particular, imponiendo un amor propio real, un amor natural, no plastic. También llamó a su audiencia “mis románticas, mis románticos”, pero -especialmente y en reiteradas ocasiones- “mi gente”, un apelativo-concepto que refuerza la sensación de comunidad que genera tanto en sus shows como en cada posteo de sus redes sociales.
En Sana Sana, uno de sus himnos más icónicos, flameó con orgullo la gran bandera de Grasa, un gesto que encendió aún más al público. “Esta es mi primera vez tocando con público en Nueva York, es un sueño hecho realidad”, dijo visiblemente emocionada, mientras el teatro entero la ovacionaba.
La potencia de Nathy: más allá del género, más allá de las reglas
Josefina Barcia, una de las asistentes al show, intentó describir lo que sucede cuando Nathy está en escena: “Es una mezcla extraña. Su música combina algo tanguero con el Caribe, lo urbano y el rap. En el escenario, lo que hace es mucho más que bailar: es casi como una directora de orquesta. Digita con cada parte del cuerpo cada cambio de ritmo, cada layer de música. Se mueve como una deportista, por momentos sensual y siempre aguerrida. Y además de todo eso, canta. ¡Y cómo canta!”.
Otro espectador, Nicolás Cohen, destacó la facilidad de la artista para fusionar sonidos y palabras de diferentes lugares: “Ella tiene una capacidad única para absorber y mezclar modismos locales de toda Hispanoamérica y al mismo tiempo inventar nuevas palabras y formas de expresión”. Y agregó: “Ella logra meter palabras en el vocabulario de las personas. Es muy presente esa habilidad que tiene”.
El cierre del show llegó con Remedio, una despedida cargada de nostalgia y orgullo. Aferrada al micrófono, con la voz temblorosa y el público coreando cada palabra, Nathy se entregó por complete y se fue con un simple: “¡Muchas gracias!”.
El Grasa Tour sigue su recorrido por Estados Unidos con paradas en Chicago y Los Ángeles, antes de aterrizar en Latinoamérica para presentaciones en Lollapalooza Argentina, Lollapalooza Chile y Estéreo Picnic.
Brooklyn fue testigo de una Nathy Peluso en su mejor versión: cruda, explosiva, arrolladora. No necesitó más que su cuerpo y su voz para hacer temblar Nueva York.





