En un momento de incertidumbre para la selección de Estados Unidos, tras la salida de Gregg Berhalter, muchos jugadores mexicoamericanos se encontraron en medio de una disyuntiva: ¿seguir esperando un llamado de la Selección Mexicana de Fútbol o apostar por el futuro con el USMNT? Uno de los casos más destacados es el de Diego Luna, el joven que hoy brilla con luz propia tras llevar a su selección a la Final de la Copa Oro 2025.
Luna fue figura clave en la victoria ante Guatemala del ‘Flaco’ Tena en semifinales, anotando un doblete en los primeros 15 minutos del partido y consolidándose como una de las piezas más importantes para el entrenador Mauricio Pochettino. Su desempeño no solo trajo alivio al banquillo estadounidense, sino que también confirmó el gran momento que vive el mediocampista del Real Salt Lake.
Pero este éxito pudo haber sido diferente si México hubiera actuado a tiempo. A pesar de tener raíces mexicanas, Luna nunca recibió una convocatoria formal del Tri cuando aún estaba abierto a considerar esa opción. “Nunca he cerrado ninguna puerta”, dijo en 2024 a ESPN. “Para mí lo importante es seguir rindiendo y saber quién me va a dar la mejor oportunidad”.
Nacido en California, Diego Luna es hijo de Alberto Luna, un exfutbolista mexicano que jugó para equipos como el San José Earthquakes. Tras su retiro, Alberto se dedicó a entrenar a jóvenes latinos en Palo Alto, formando a varias generaciones de futbolistas, incluidos sus propios hijos. Diego creció en un entorno marcado por el deporte, donde el fútbol era más que una pasión: era parte de la rutina familiar.

“Vivíamos todos en un apartamento, y pasábamos la mayor parte del día en los campos de entrenamiento”, contó Luna en una entrevista con la MLS. “Desde las 3:30 hasta las 8:30 pm, acompañaba a mi papá a sus prácticas antes de la mía. Ese era mi día a día”.
A diferencia de otros futbolistas como Alejandro Zendejas o Richy Ledezma, que rechazaron representar a México, Luna nunca descartó ninguna selección. En 2024 incluso rechazó una oferta para ser suplente en el equipo olímpico de EE. UU., priorizando minutos de juego en su club. La apuesta le salió bien: ese ritmo lo llevó a ser convocado por Pochettino, y hoy es pieza fundamental del conjunto estadounidense.
En 2022, Luna compartió su visión sobre la histórica rivalidad entre México y Estados Unidos. “Lloraba cuando México nos anotaba, y le pedía a mi familia que no celebrara”, recordó. “La mitad de mi familia apoyaba a México y la otra mitad a EE. UU.”. Con el tiempo, comprendió su identidad dual: “Amo ser mexicano, pero crecí en Estados Unidos. Este país me dio todo lo que tengo”.
Diego Luna es hoy un reflejo del cruce de culturas que viven muchos jóvenes en Estados Unidos. Con respeto por sus raíces y gratitud hacia el país que lo formó, ha encontrado su lugar en el fútbol internacional. Ahora, con la Final de la Copa Oro en el horizonte, su historia apenas comienza a escribirse.
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