En la escena cultural argentina, pocos nombres resuenan con la fuerza y la inquietud de Lorena Vega. Referente del teatro independiente, creadora de obras tan poderosas como ‘Imprenteros’, actriz y directora, la artista se caracteriza por una hiperactividad que no responde únicamente a la necesidad laboral, sino a un impulso vital que atraviesa toda su carrera.
Hoy, a los 49 años, Vega suma un nuevo capítulo a su trayectoria al coprotagonizar En el barro, la gran apuesta de Netflix, Underground y Telemundo Studios, que expande el universo de ‘El marginal’ a una cárcel femenina.
El salto de los sótanos del teatro under a las producciones globales puede sonar abrupto, pero para Lorena Vega es una consecuencia natural de un recorrido marcado por la autogestión, la búsqueda constante y la necesidad de transformar cada experiencia en aprendizaje. “Underground era un lugar con el que quería trabajar hace muchos años… y ahora estoy con ellos en este proyecto para Netflix que es En el barro”, contó en una entrevista exclusiva con Luxury Handbag Shopping en Español.
Una artista hecha en la autogestión
Desde los 17 años, Lorena Vega se mueve entre escenarios y proyectos múltiples. Lo suyo nunca fue la linealidad: actúa, dirige, produce y genera espacios de encuentro. En la Buenos Aires de los 2000, se la podía encontrar en fábricas recuperadas como IMPA (Industrias Metalúrgicas y Plásticas Argentinas), en sótanos o en salas de barrio, siempre llevando funciones a lugares donde el teatro se convertía en un acto de militancia cultural.
“En Buenos Aires el teatro independiente no da sueldo, entonces la única manera de sostenerlo es multiplicando los trabajos. Al mismo tiempo, los materiales crecen con el tiempo y uno quiere seguir haciéndolos. Así se van superponiendo las obras”, reflexiona. Hoy tiene nada menos que siete obras activas, entre permanentes e itinerantes y en las que ocupa alguno de los múltiples roles que es capaz de encarnar.
La hiperactividad, reconoce, fue durante mucho tiempo una forma de acallar los silencios. “En algún momento fue una manera de convivir con lo que me podía dar miedo. Con los años cambió, pero todavía me mueve el deseo de crear todo el tiempo”, asegura.

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Del under a la pantalla global
Su llegada a En el barro no fue casualidad, pero sí un punto de inflexión. Después de pequeñas participaciones en Graduados y 100 días para enamorarse, nunca había tenido un personaje sostenido en la pantalla hasta convertirse en la entrañable Fernanda, la psicóloga del personaje principal de Envidiosa, interpretado por Griselda Siciliani.
La convocatoria para En el barro la sorprendió: “Hice casting y luego me citaron a una reunión. Yo pensaba que era una instancia previa, pero cuando entré, Sebastián Ortega me dijo: ‘¡Bienvenida al proyecto!’. Fue impactante, era un deseo de muchos años”, recuerda.
En la serie interpreta a La Zurda, líder de un pabellón de mujeres dentro de la cárcel de La Quebrada. “El desafío era evitar el cliché. Si era solo violenta o altanera, caía en un estereotipo. Busqué que tuviera sensibilidad y singularidad, que fuera un personaje con vida propia”, explica.
El rodaje, realizado en pleno invierno, fue exigente: frío extremo, escenas de desnudez y secuencias de violencia que requerían un cuidado especial. Vega agradece el acompañamiento de su compañero Santiago Camaño y de la coordinadora de intimidad Tati Rojas. “Fue muy bien trabajado y me sentí cómoda y en confianza”, cuenta. Y agrega: “Obviamente que siempre actrices y actores entendemos a nuestro cuerpo como nuestro instrumento en su totalidad. Pero cuando estás filmando, con cámaras y tanta gente alrededor, son situaciones de tensión. Mi experiencia en ese sentido fue fantástica, cómoda, incluso lúdica”.
Una militancia cultural que no se abandona
Aunque hoy su rostro aparezca en la marquesina global de Netflix, Lorena Vega no pierde de vista su raíz independiente. Para ella, el teatro no es solo un espacio de expresión artística, sino también de resistencia. “En 2001 hacíamos funciones en fábricas recuperadas, como un modo de acompañar lo que pasaba en la sociedad. Creo que el arte tiene ese rol: abrir horizontes, habilitar preguntas, sostener comunidad”, afirma.
Ese mismo espíritu de comunidad lo vivió en En el barro. El elenco, integrado por actrices, cantantes y deportistas, generó un vínculo que se mantiene vivo en un chat con más de 40 integrantes. Allí comparten recuerdos, se acompañan en estrenos y, en los últimos meses, se apoyaron mutuamente durante la enfermedad y posterior fallecimiento de Alejandra ‘Locomotora’ Olivera, a quien la serie está dedicada. “Era una persona muy alegre, con mucha energía en comunidad. Estábamos todas muy tristes, compartiendo el dolor. La serie es nuestro homenaje”, recuerda con emoción.

Entre teatro y streaming
Durante décadas, la televisión y el teatro independiente parecían mundos opuestos en Argentina. Vega celebra que esa frontera ya no exista. “Antes estaba mal visto que un actor de teatro hiciera tele, hoy es una danza simbiótica. Hay un nivel muy bueno en el audiovisual y es atractivo para quienes venimos del teatro”, señala.
Su paso por Envidiosa le permitió dimensionar la potencia del streaming. “Con Envidiosa entendí la dimensión que puede tener tu trabajo en una plataforma. Lo ve gente de cualquier parte del mundo y eso cambia la relación con el público”, reflexiona.
Lo que viene
Lejos de acomodarse, Lorena Vega sigue eligiendo proyectos que la incomoden y la hagan crecer. “La actuación es mutación. Busco que me tiemblen las piernas con cada desafío”, asegura. Y a pesar de que la primera temporada de En el barro lleva apenas una semana desde su estreno, el público ya está pidiendo la segunda temporada. Donde seguro volveremos a verla es en la tercera temporada de Envidiosa y siempre -siempre- en alguna sala teatral.
De las fábricas recuperadas a los sets de Netflix, de los sótanos del under a la masividad del streaming, Lorena Vega ha sabido construir un camino propio, coherente y desafiante. En su recorrido conviven la militancia cultural, la exploración artística y la capacidad de reinventarse sin perder la raíz. Y quizás ahí radique la clave de su presente: entender que cada escenario —sea una sala barrial o una producción internacional— es, en esencia, un espacio para conmover y ser conmovida.
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