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Dillom convirtió el Estadio Vélez de Buenos Aires en su templo emocional con una puesta teatral e impactante (Exclusiva)

Dillom
Dillom en el Estadio Vélez@rishsuarez I Gentileza

Con un corazón enorme palpitando en medio del campo y una puesta tan perturbadora como sensible, Dillom convirtió el Estadio Vélez Sarsfield de Buenos Aires en su propio templo. Lo que se vivió allí la noche del 21 de diciembre no fue un simple show. Fue una misa pagana, una obra sangrante, una película de horror y ternura desarrollada en tiempo real. A su manera —teatral, independiente, sin concesiones—, Dillom transformó uno de los escenarios más icónicos de la Argentina en su catedral emocional.

En esa experiencia Irreversible, como se le llamó oficialmente a la noche, se propuso una narrativa visual y sonora que, en algo más de dos horas, recorrió el último disco del artista argentino de 25 años, Por Cesárea, como una ópera trágica dividida en actos. También repasó fragmentos de Post Mortem, presentó un tema inédito —que escribió para “su mejor amigo”, según contó— y se dio el gusto de interpretar un par de temas clásicos: uno argentino y otro del repertorio internacional.

Cada una de las 33 canciones tuvo un tratamiento escénico diferente: cambios de clima, puestas teatrales, silencios cargados de tensión, cuerpos en escena, un cuarteto de cuerdas que lo acompañó durante todo el concierto. Dillom se vistió de zombi, de niño herido, de crooner oscuro. También voló —literalmente— sostenido en un manojo de globos sobre el escenario durante “La novia de mi amigo”, en uno de los momentos más poéticos y oníricos de la noche.

Dillom
Dillom en Estadio Vélez @ligiamajul I Gentileza

Los invitados fueron claves en esa narrativa escénica. Lali lo maquilló en vivo en “La carie”, transformándolo en un personaje perturbador que termina “colgándose” de una soga. Juanse, exlíder de Ratones Paranoicos, se sumó para interpretar “Enlace”, uno de los clásicos de su banda, consagrando un puente simbólico entre generaciones del rock y la escena alternativa actual.

Dillom y Lali
Dillom y Lali @ligiamajul I Gentileza

También participaron Muerejoven (en “1312”), Broke Carrey (en “Mentiras piadosas”), Juan López (en “La novia de mi amigo”), Ill Quentin (en “Ovario”) y K4 (en “Latas”), en una suerte de celebración colectiva del universo Bohemian Groove, el sello y colectivo que Dillom fundó junto a Andy Capasso, y que marcó cada decisión artística de la noche.

Incluso Pity Álvarez, desde una pantalla, envió un mensaje filmado excusándose por no poder asistir tras haber tocado en Córdoba la noche anterior. “Gracias por haber venido a hacerle la primera al amigo”, dijo. “Yo me lo estoy perdiendo… pero de alguna forma lo voy a poder ver”. La ovación fue inmediata.

Pero nada fue más íntimo y desarmante que la aparición de uno de los hermanos más pequeños del músico —muy parecido a él— en escena, encarnando la versión-niño del artista y con un osito de peluche en la mano. La imagen fue tan potente como literal: lo que Dillom representa —y pone en escena— no es solo una estética, sino una vida. Su vida. Su historia. Su dolor y su reinvención. En ese momento, lo personal se volvió carne viva frente a miles de personas que se conmovieron junto a él.

Ante el estadio lleno, y mientras se convertía en el primer artista independiente en tocar allí, Dillom se pronunció: “Este fue un año de muchísimos altibajos, muchísimos palos en la rueda, muchísimas alegrías también, ¿por qué no?”. Se detuvo, visiblemente emocionado. Agradeció. Y continuó: “Aprovechemos momentos como este, donde estamos todos unidos por una sola razón: la música. Todas esas personas que se cruzaron en el subte o el bondi con una remera mía… hoy están acá por lo mismo: venir a disfrutar de lo que aman, de una pasión”.

Dillom
Dillom en el cierre del show en Vélez @irishsuarez I Gentileza

Al cierre, cantó su tema inédito, “Rojo profundo”, y se dio el gusto de cantar el clásico “A mi manera”, en un registro tan inesperado como celebrado, antes de cerrar por todo lo alto con “Buenos tiempos”. No faltó el corte de flequillos a algunos fans —como había prometido— y un último gesto: el de bajarse los pantalones para mostrar un “GRACIAS” estampado en la parte trasera de su ropa interior. Mientras el estadio explotaba entre aplausos, pirotecnia y gritos, el corazón volvió a encenderse, por última vez, en el centro del campo.

“La vida es asombrosa”, había dicho antes Dillom. Y Vélez, esa noche, también lo fue.

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