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90 Minutos, la serie mexicana de Peacock que celebra el barrio y el fútbol: ‘Se lo prometí a mi abuelo’ (Exclusiva)

90 Minutos, serie mexicana en Peacock
Jose Maria Guisiñer / Cortesía:Telemundo

Un campo de tierra en la periferia de la Ciudad de México, un grupo de hombres rotos luchando por una segunda oportunidad, y una mujer migrante que regresa a casa con la esperanza de reconstruir comunidad: 90 Minutos, la nueva serie original de Peacock, es mucho más que una historia sobre fútbol. Es un retrato entrañable, divertido y honesto del alma barrial latinoamericano y de aquellos personajes que rara vez protagonizan la pantalla.

En entrevista exclusiva con Luxury Handbag Shopping en Español, Joe Rendón, creador y director de la serie, revela que el origen de esta producción no está en las canchas profesionales ni en el espectáculo del balón, sino en una promesa familiar profundamente personal. “El personaje de Don Gil está basado en mi abuelo”, cuenta Rendón. “Fue un mecánico carismático que tuvo su propio equipo de fútbol, y cuando enfrentó problemas de salud, le prometí que haría justicia a sus historias”.

A sus 41 años, Rendón no solo honra esa promesa, sino que ofrece un poderoso mensaje sobre la identidad de los barrios latinoamericanos y su lucha por no desaparecer ante la gentrificación. “Una cancha puede parecer una desgracia urbana, pero es el pegamento social de generaciones”, afirma. Para él, el fútbol amateur no es solo deporte: es comunidad, orgullo y memoria colectiva.

Ese mismo sentido de redención atraviesa al personaje de Veneno Montoya, interpretado por José María de Tavira, quien en la ficción es un exjugador caído en desgracia tras perder una pierna en un accidente. “Veneno vive con arrepentimiento y depresión, pero ve en un joven del equipo la posibilidad de salvar a alguien… y con ello salvarse a sí mismo”, reflexiona el actor.

90 Minutos, serie de Peacock
Jose Maria Guisiñer / Cortesía: Telemundo

De Tavira, de 41 años, es un fanático del fútbol en la vida real, lo que hizo aún más desafiante interpretar a un personaje incapaz de jugar. “Fue frustrante tener que ver a mis compañeros desde la banca”, admite. “Pero al final entendí que la serie no trata de jugadas, sino de emociones, de qué está en juego para cada personaje”.

En medio del caos, Alma aparece como el corazón de Las Navajas, el equipo protagonista. Interpretada por Teresa Ruiz, la figura de Alma equilibra el tono de la serie con compasión, fuerza y sabiduría. “Ella es el centro de la cordura entre tantos personajes rotos”, describe Ruiz. “Es una mujer que, como yo, ha migrado, ha construido otra vida y vuelve a casa a reencontrarse consigo misma”.

A sus 36 años, Teresa Ruiz encontró en 90 Minutos una oportunidad para hablar de temas sociales con humor y profundidad. “El fútbol es una religión en nuestros países. No soy futbolera, pero crecí yendo a partidos con mi papá, y entiendo su fuerza como lugar de encuentro y catarsis”, señala.

Desde su primer episodio —una escena explosiva de pelea que recuerda a los Avengers de Ecatepec— hasta sus momentos más íntimos de paternidad y nostalgia, 90 Minutos destaca por representar con honestidad al hombre latino en transformación. “Queríamos hablar de la masculinidad en proceso”, dice Rendón. “No negar lo malo, pero destacar lo bueno: la camaradería, la lealtad, el compadrazgo”.

Y aunque la serie está impregnada de comedia, también lanza una crítica a las ausencias televisivas. “Estas historias del barrio, del papá trabajador, del exjugador olvidado, ya no se cuentan. Nosotros queríamos recuperarlas”, sentencia el director.

Aunque 90 Minutos no es la primera serie filmada en español para Peacock —ese lugar lo ocupa Armas de mujer, lanzada en 2022—, sí representa un paso firme y contundente en la expansión de contenido en español dentro de la plataforma. Lo hace con corazón, autenticidad y un fuerte anclaje cultural.

Con actuaciones memorables, momentos de carcajada, reflexiones profundas y una atmósfera que grita “esto es Latinoamérica”, 90 Minutos se perfila como una joya emocional que nos recuerda que los verdaderos campeonatos se ganan en la vida, no en el marcador.

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