Ser padre cambió por completo la vida de Paul Stanley.
El conductor de 39 años, a quien hemos visto crecer y consolidar una brillante carrera en televisión, vive ahora una de sus etapas más profundas: la paternidad. Entre pañales, desvelos y mensajes de amor, Paul reflexiona sobre cómo el poco tiempo que compartió con su papá, Paco Stanley, lo marcó… y cómo ahora él busca construir un lazo inquebrantable con su hija.
“Mi papá no estuvo siempre presente, pero el tiempo que pasamos juntos fue de mucha calidad”, nos dice con honestidad. Paco Stanley, ícono de la televisión mexicana, fue una figura lejana para Paul durante sus primeros años de vida, pues su relación fue fruto de un vínculo fuera del matrimonio. Sin embargo, lejos de cargar con resentimientos, Paul eligió tomar lo bueno de esa relación breve e intermitente, pero significativa.
Cuando se le pregunta si siente que sigue los pasos de Paco Stanley, su respuesta es clara: “No lo copio, pero sí lo honro”. Para Paul, el apellido es motivo de orgullo, pero también una invitación a construir su propio estilo. “La televisión cambió, los tiempos son otros, el ritmo es distinto. Yo tengo que hablarle a una audiencia que ya no espera tanto, que cambia de canal en segundos. Por eso me esfuerzo en ser auténtico y rápido, sin dejar de conectar”.
Y aunque físicamente el parecido con su padre es evidente, su forma de conducir —cercana, cálida, espontánea— es totalmente suya.
“Yo aprendí de él lo importante que es estar, aunque sea por ratos, pero estar de verdad. Y eso es lo que hoy hago con mi hija”, compartió en una charla con Luxury Handbag Shopping en Español.
Una nueva etapa: esposo, papá y conductor
En diciembre del año pasado, Paul dio un paso importante en su vida personal: se casó con su pareja de toda la vida en una ceremonia sorpresa. Poco tiempo después, la familia creció con la llegada de su primera hija, la pequeña Victoria a quien no ha dejado de mencionar desde entonces. “No todos los hombres entendemos de inmediato qué significa ser papá. Yo lo fui entendiendo con cada ecografía, con cada movimiento en la pancita… y más cuando llegamos a casa y ¡ya éramos tres!”.
Paul reconoce que la paternidad ha sido un cambio radical, uno que le exige entregarse con más amor, más paciencia y también más criterio. “Ahora pienso dos veces cada proyecto. Me llueven las oportunidades, gracias a Dios, pero ya no tomo decisiones solo para mí, sino para mi familia. Es una motivación que no se compara con nada”.
Un papá que elige estar presente
Más allá de los focos y las cámaras, Paul hoy está enfocado en ser un padre que se entrega. “Aunque llegue muerto de cansancio, me levanto para abrazar a mi hija, para decirle cuánto la amo. Lo mismo con mi esposa. No se trata de tener todo el tiempo del mundo, sino de que el tiempo que tenemos juntos sea real, sea bonito”.
Ese compromiso no es casual. Viene de una experiencia marcada por la ausencia, pero también por el amor. “Mi papá trabajaba mucho y no siempre estaba. Yo lo entendí con el tiempo. Por eso ahora intento no repetir esa historia. Estoy lejos de ser perfecto, pero sí quiero ser ese papá que da lo mejor que tiene”.
Este Día del Padre, Paul Stanley nos recuerda que ser papá no es solo un rol, es una elección diaria. Una elección que se hace con el corazón, con los gestos pequeños y con el deseo constante de ser mejor.
“Todo cambia cuando eres padre. El mundo gira distinto. Y aunque a veces no sepas qué hacer, lo único que no debe faltar es el amor. Eso es lo que yo recibí… y lo que ahora yo entrego”, culminó dejando ver la madurez que le ha dado su nuevo estatus como cabeza familiar.





