Ser actriz, ser madre, ser extranjera, ser deseada, ser libre. Natalia Oreiro no acomoda esas palabras como etiquetas, sino como parte del ejercicio diario de estar viva. En una entrevista exclusiva con Luxury Handbag Shopping en Español, en el marco de los Premios Platino 2025 a finales de abril, Oreiro —de 48 años— habló sobre su recorrido, el valor del vínculo con el público, el impacto de las redes en las nuevas generaciones y una condición de salud que hasta ahora había mantenido en perfil bajo.
A lo largo de la conversación, Natalia se mostró cercana, directa y sin rodeos. Habló de lo que elige, de lo que deja, y del modo en que encara cada proyecto. “Lo que nos llevamos son los momentos”, dijo, dejando en claro que, más allá del éxito o la exposición, lo que más valora es el intercambio humano. “No hago un esfuerzo por ser empática, soy empática”, agregó, con convicción tranquila.

Desde sus primeros pasos en Argentina —adonde llegó a los 16 años desde su Uruguay natal— hasta sus recientes estrenos, Oreiro ha buscado personajes con profundidad y verdad. “Me cuidaron mucho en Argentina. Me dieron muchas oportunidades. Nunca sentí esa diferencia por ser extranjera, y estoy muy agradecida”, recordó.
También habló de los vínculos que se generan con quienes la siguen desde hace décadas. “Lo que me dicen en la calle es: ‘Me acompañaste en mi infancia’ o ‘Esa película me ayudó como mujer’. Eso para mí es invaluable”.
Y si de vínculos se trata, su mirada sobre la maternidad fue una de las partes más genuinas de la charla. “Las mujeres estamos en diez cosas al mismo tiempo. Somos madres, pero también queremos ser profesionales. Estamos cansadas, y a veces nuestros hijos piensan que estamos enojadas, cuando en realidad no damos más”.
Por eso, cada vez valora más trabajar con mujeres en todos los rubros del audiovisual. “No es que los hombres no puedan entendernos, pero muchas veces hay que explicar cosas que para nosotras son obvias. Me interesa trabajar con realizadoras, técnicas, diseñadoras. Hay muchas muy buenas”.

Oreiro también se detuvo en su visión crítica sobre el impacto de la hiperconectividad. “Tuve la suerte de que no existieran las redes sociales cuando yo empecé. Hoy hay un exceso de pantallas, de información, de velocidad… eso te convierte en espectador y no en protagonista”. Madre de un adolescente, fue clara: “Mi hijo no tiene celular todavía. Soy muy cuidadosa del tema. Me preocupa lo que las redes hacen con la atención, con la comunicación, con los vínculos reales”.
En ese contexto, surgió un momento inesperado. Hizo una pausa, interrumpió con amabilidad y explicó que sufre misofonía, una condición neurológica que produce reacciones intensas ante sonidos repetitivos. “Yo puedo estar hablando tranquila y si a diez metros alguien hace click con una lapicera, dejo de escucharte. Solo escucho eso. Me genera ansiedad”. Agregó que lo vivió desde chica, pero lo identificó recién en los últimos años: “Antes me lo callaba. Pero ahora prefiero decirlo. Lo tenemos muchas personas y no lo sabemos”.
La agenda de Oreiro no baja el ritmo. Entre sus próximos estrenos están varias películas: Sin equipaje, de Juan Taratuto, con Gael García Bernal, La mujer de la fila, de Benjamín Ávila, La jefa, aunque no quiera, de Daniela Goggi, y ya ha estrenado La noche sin mí, de Maria Laura Berch. Además, volverá a trabajar con Gael, esta vez como director.
También lanzó su propia línea de anteojos, motivada por una necesidad muy personal. “Tengo astigmatismo desde chica y ahora presbicia. Uso anteojos todo el tiempo, así que decidí diseñarlos yo. Por suerte, a la gente le gusta”.
Con el correr de los años, Natalia Oreiro no solo ha expandido su carrera: ha afinado su voz. Una voz que no grita, pero se escucha. Que no busca agradar, pero que sigue dejando huella.




