Este 25 de agosto se cumplen 12 años del fallecimiento de Graciela Fernández Pierre, primera esposa de Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”. A través de las redes sociales, una de sus hijas, Paulina Gómez, le rindió homenaje en su aniversario luctuoso.
“12 años má… Y estás tan presente”, escribió Paulina, agregando la fecha en la que nació y murió su mamá: 17 de septiembre de 1937 y 25 de agosto de 2013. Curiosamente, la publicación también revela la imagen de un libro escrito por Graciela, titulado ‘Memorias como Tanatóloga’, derivado de la tanatología, ciencia que estudia la muerte en su proceso, duelo y significado de la vida ante el fin.
Aunque se trata de una dedicatoria sencilla, que no resta significado, el verdadero homenaje de los seis hijos que Graciela tuvo con ‘Chespirito’ viene precisamente en la bioserie ‘Sin querer queriendo’. Si bien esta describe detalles inéditos sobre la vida profesional y artística de Gómez Bolaños, la figura de Graciela resalta de manera protagónica, siendo la primera vez que los fans obtienen información cercana a la realidad sobre la personalidad de esta mujer.
Al no haber estado involucrada en el mundo artístico, pocos recuerdan que Chespirito tuvo un pilar fundamental en su carrera: Graciela. Se conocieron cuando él tenía 22 años y ella apenas 15, aproximadamente en 1951, pero no fue sino hasta 1968 que contrajeron matrimonio.
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Cómo sus hijos le rinden homenaje a Graciela Fernández en la bioserie de ‘Chespirito’
Desde el primer episodio de ‘Sin querer queriendo’ se refleja el romance, la atracción e incluso la influencia que tenía sobre un joven Roberto, mientras este buscaba cumplir su sueño como escritor y comediante.
Cabe destacar que el productor de la bioserie es Roberto Gómez Fernández, único varón de los seis hijos que “Chespirito” tuvo con Graciela, y Paulina Gómez. También concibieron a Graciela, Marcela, Teresa y Cecilia. Estuvieron casados hasta 1989, cuando se legalizó el divorcio.
A través de los ocho episodios se aprecian las emociones de Graciela, desde la satisfacción y alegría en su matrimonio con Roberto, hasta los altibajos, el espíritu de lucha y las profundas decepciones que también llegó a experimentar.
Lejos de ser imponente o manipuladora, la bioserie refleja a una Graciela justa, que exige respeto para el hogar y la familia, no sin atravesar también por errores, fragilidades e impulsividades femeninas. Sin embargo, todo bajo la esencia de una actitud correcta, que jamás fue vengativa y que optó por la resignación sin perder su dignidad.
Durante más de dos décadas, Graciela fue una figura clave detrás del telón: cuidó del hogar, de la crianza y apoyó silenciosamente el ascenso de su esposo, aun cuando su fama se convirtió en fenómeno internacional gracias a sus personajes.
Su matrimonio terminó en 1989, pero a pesar de lo doloroso del divorcio, Graciela mantuvo siempre una postura discreta. No dio entrevistas ni habló públicamente del tema, resguardando su vida personal y familiar.
Después de la separación, se enfocó en sus hijos, en su vida privada y en labores sociales. Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer fuerte, elegante y reservada, que prefirió el anonimato antes que el protagonismo.
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