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Jess King, estrella latina de Peloton, transforma el fitness en experiencia emocional: ‘Mi misión es invitar a la gente a volver a la luz’ (Exclusiva)

Jessica King
Jessica KingMatt Glueckert I Gentileza

// Jess King irradia la misma mezcla de energía, sensibilidad y carisma que la convirtió en una de las instructoras más influyentes de Peloton. Entre risas en spanglish —sus raíces chilenas afloran con naturalidad— la artista, bailarina, DJ, life coach y voz visible dentro de la comunidad LGBTQ+ habla de su camino, de la maternidad, de la presión de la visibilidad y del modo en que intenta convertir cada clase en un espacio de conexión más profunda. También de cómo eligió involucrarse en el reciente anuncio de Danone y Silk, como una de las facetas dentro de una historia mucho más amplia: la de una mujer que se reconstruyó a sí misma combinando ciencia, movimiento y vulnerabilidad.

Un legado latino que marcó su vida desde el cuerpo hasta la disciplina

King, de 39 años, creció rodeada de anatomía, nutrición y proteína antes de que esos temas fueran tendencia. “Mi mamá era tiny pero mighty”, dice, y esa combinación de fuerza y delicadeza define también a Jess. Su madre, Ximena Bernales, chilena y culturista, no solo le enseñó sobre músculos y carbohidratos complejos, sino también a vivir con disciplina y foco. Señala que, de pequeña, Jess “no pasaba mucho tiempo sin hacer nada” porque siempre estaba entrenando, compitiendo o bailando. Ese motor interno, dice, es algo que reconoce en muchas familias inmigrantes: el impulso de hacer que el esfuerzo valga la pena.

Años después, cuando descubrió su intolerancia a los lácteos, ese conocimiento “codificado”, como lo llama, volvió a ser clave. King cuenta que durante años tomó leche de soja Silk y que hoy, ya con una familia formada junto con la cantante Sophia Urista, intenta enseñar lo mismo a sus hijos Lucien y Afizia, que crecen bilingües en un hogar multicultural. “Fue un regalo para mi mamá que mis hijos hablen español”, dice con orgullo, y agrega que planea llevarlos a Chile cuando sean un poco más grandes y puedan recordar el viaje.

De resistirse al fitness a convertirse en una de sus voces globales

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Aunque parecía predestinada al mundo fitness, Jess lo evitó durante mucho tiempo. “No quería ser como mi mamá”, admite. Su sueño era la danza, y lo cumplió: trabajó más de diez años como bailarina profesional en escenarios como Cirque du Soleil y hasta hizo una participación en Sex and the City. Pero el éxito no garantizó estabilidad. Tras mudarse a Nueva York, se encontró sin trabajo, recién salida de una ruptura y literalmente sin lugar donde vivir.

En ese momento apareció Peloton. Aún era un proyecto incipiente y ella había decidido que sería su “año del sí”, así que aceptó reunirse con el CEO. Lo que siguió fue inesperado incluso para ella: “Era lo único que tenía sentido”, recuerda. Aceptó que gran parte de la sabiduría de su madre estaba “codificada” en su cuerpo y encontró una forma de unirla a su identidad artística. Desde entonces, su propuesta se distingue por llevar el fitness a una escala casi performática, donde la ciencia convive con la narrativa emocional.

La bicicleta como portal creativo — y como plataforma de impacto emocional

Su relación con Peloton le abrió puertas que nunca imaginó. Aprendió a mezclar música, se formó como DJ y este año tocó en World Pride y abrió para el Run Club de Diplo. Pero su transformación más profunda fue interna. Pronto se dio cuenta de que tenía la capacidad de “ver dónde alguien puede cambiar su vida”, pero no todavía el lenguaje para guiar ese proceso. Por eso se certificó como life coach, una herramienta que hoy atraviesa todas sus clases. Muchos usuarios le dicen que sus rides se sienten “como terapia”, algo que ella no busca evadir: su intención, insiste, es “invitar a la gente a volver a la luz”, incluso cuando están en un valle emocional.

El lado B de la visibilidad: críticas, ruido y cómo navegarlos

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Con más de una década en una de las plataformas de fitness más conocidas del mundo, King sabe que la exposición también tiene un costo. No cree en los slogans simplistas del tipo “no importa lo que piensen los demás”. En cambio, propone dos caminos: probar la crítica como si fuera cierta —“a veces duele porque tememos que sea verdad”— y, si no lo es, mirarla con compasión. “Pensar qué debe estar pasando en la vida de alguien para escribir algo así” le cambió la forma de lidiar con el odio online. Dice que esa perspectiva la libera y le permite “seguir amando incluso a los haters”, una frase que, en su voz, resulta más pragmática que espiritual.

Colaboraciones con propósito — y por qué eligió involucrarse con Silk

A la hora de habla sobre cómo elige sus colaboraciones, Jess cuenta que solo acepta proyectos que usa realmente y que estén alineados con su estilo de vida. Explica que durante meses arruinó su ritual del café al agregar proteína en polvo “que sabía a tiza”, y que cuando Silk lanzó una leche con 13 gramos de proteína sintió que “le había hackeado la vida”.

Pero lo importante para ella, subraya, es que las colaboraciones tengan integridad. “Tengo una responsabilidad con mi comunidad”, dice, y por eso busca marcas con valores reales, sustentados en ciencia, y no simplemente campañas superficiales.

Una artista que vuelve siempre a sus raíces

La charla termina entre anécdotas sobre Chile, Argentina y amigos artistas que la marcaron en Las Vegas. Para Jess, la identidad latina está presente en su voz, en su ritmo y en su forma de enseñar. Y aunque hoy vive entre rodajes, DJ sets, clases y maternidad, no pierde de vista esa parte de su historia: la de una niña criada por una mujer “tiny pero mighty” que, sin saberlo, la preparó para convertirse en una figura que inspira a millones desde una cinta o una bicicleta… y mucho más allá de ella.

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