Aunque lleva décadas siendo sinónimo de belleza, estilo y elegancia, Valeria Mazza nunca se sintió prisionera de su imagen. A sus 53 años, la supermodelo argentina vive una etapa de plenitud distinta, en la que el paso del tiempo no es una amenaza, sino una oportunidad para cuidarse, aceptarse y desafiarse desde otro lugar.
“El paso del tiempo hay que aceptarlo, porque la guerra contra el tiempo es una guerra perdida”, comenta Mazza en una entrevista exclusiva con Luxury Handbag Shopping en Español. Fiel a su estilo, no lo dice con resignación, sino con lucidez y convicción.
Después de 35 años de carrera, y con una exposición que comenzó a los 14, Valeria aprendió a separar la apariencia del valor personal. “Envejezco con dignidad. No voy en contra de las arrugas ni de los cambios lógicos que me pasan como mujer. Porque no es que, por trabajar en televisión, no me viene la menopausia”, dice entre risas, con esa mezcla de honestidad y sentido del humor que la caracteriza.
Pero también aclara que el bienestar no llega solo. “Hoy tener una vida saludable ya no es una moda, es una forma de vida. Comer sano, hacer deporte, dormir bien. Si quiero seguir trabajando, si quiero seguir poniéndome en movimiento, es así. No me queda otra. Pero tampoco lo vivo como un esfuerzo: me gusta”, asegura.
Mazza, quien el domingo 23 de noviembre estrenó su documental Valeria Mazza, un sueño dorado por ¡HOLA! TV (producida por Paramount y distribuida por Telefe), reconoce que se cuida más que antes. Va al dermatólogo con mayor frecuencia, presta atención a lo que consume y trata de mantener el equilibrio. “Hago todo lo que puedo para no pasar por el quirófano. Pero no me ves transformada, ¿no?”, comenta con simpatía.
Más allá de lo físico, Valeria destaca lo que implica ser mujer pública en la era de las redes, donde todo se opina y se juzga con inmediatez. “Cuando te exponés, la gente siente que tiene derecho a opinar. Eso no quiere decir que uno tenga que tolerar cualquier cosa”, explica.
Durante la entrevista, recuerda cómo aprendió, desde muy joven, a lidiar con el rechazo profesional sin dejar que afectara su autoestima. “Si no me elegían para un trabajo, no era que no me querían a mí. Era que buscaban otra cosa. Aprendí a separar lo estético de lo emocional. Porque si no, ahí es donde se vuelve peligroso”, advierte.
También pone un límite claro cuando los comentarios rozan lo personal. “Podés opinar sobre mi trabajo, perfecto. Pero que se metan con mis hijos o con cómo los educo… no. Ahí no”, afirma con firmeza. Aunque enseguida aclara que, por suerte, siempre sintió el cariño del público: “Nunca tuve mucho hate. Creo que la gente me respeta porque yo también soy respetuosa. No hice escándalos, siempre hablé de trabajo, de familia, de solidaridad… y eso es lo que soy”.
Con los hijos ya grandes y su base de vida actual en Madrid, Valeria transita una etapa de mayor libertad personal. “Ya no tengo que buscar con quién dejo a los chicos, ya les di herramientas para que sean independientes. Ahora disfruto desde otro lugar”, dice, comparando esta etapa con un nuevo ciclo que vive con entusiasmo.
Lejos de bajar el ritmo, hoy combina su rol de empresaria —con su marca de perfumes, carteras y anteojos— con proyectos en televisión como Bailando con las estrellas, que conduce en España. Todo eso sin perder la curiosidad ni el deseo de salir de la zona de confort. “Siempre fui muy inquieta. Me gusta desafiarme. A veces me encuentro en una situación y me pregunto: ‘¿para qué dije que sí a esto?’ Pero después lo atravieso y digo: ‘¡qué bien que estuve!’”.
Ese espíritu es el que la mantiene en movimiento. “Me sigo reinventando. Me sigo divirtiendo. Y eso, para mí, es vital. Esa es la mejor manera de crecer”.





